Israel lanzó un ataque con varios misiles contra la provincia de Isfahán, en Irán, en represalia por el bombardeo del pasado sábado sobre suelo israelí. La respuesta ha generado gran preocupación en la comunidad internacional, que pide que ambos países detengan su enfrentamiento.

Fuentes anónimas citadas por el diario Jerusalem Post afirmaron que el ataque de este viernes debe ser interpretado como una advertencia a Teherán sobre las capacidades ofensivas israelíes y como una señal de que Israel no busca una guerra regional.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, afirmó que los países del G7 estaban «comprometidos con la desescalada» de las tensiones entre Israel e Irán.

«Estamos comprometidos con la seguridad de Israel. También estamos comprometidos a reducir la escalada de tensión, a tratar de ponerle fin», declaró Blinken durante una conferencia de prensa al término de la reunión del grupo en Capri (Italia), horas después de que un funcionario estadounidense dijera a CNN que Israel había lanzado un ataque militar contra Irán.

También declaró que los países compartían «el compromiso de hacer que Irán rinda cuentas».

Blinken añadió que las naciones condenaban los ataques de Irán contra Israel del pasado fin de semana. Calificó esos ataques como «sin precedentes en alcance y escala; alcance porque fue un ataque directo a Israel desde Irán, escala porque implicó más de 300 municiones, incluidos misiles balísticos».